viernes, 5 de agosto de 2016

Rafael Guillén Irache

Rafael con barba, tras la bandera de la Banda
Me acabo de enterar de una noticia que, no por menos temida no deja de ser muy triste, Rafael Guillén Irache, para muchos Rafa Pollero (su madre tuvo una pollería) y para mí Rafaelín (su padre también se llamaba Rafael y falleció joven); era vecino mío cuando era pequeño y amigo de mi hermano, con quién ha corrido una suerte parecida. Se me agolpan los recuerdos, las emociones y la pena en estos momentos; cuando me enteré de su enfermedad envié un mensaje preguntado por él, a quien creía que era su hijo, pero en realidad Rafael me contestó en primera persona. Luego, sé que lo pasó muy mal y hace poco, la última vez que lo vi, casi no le reconocí. El mal le estaba haciendo mucho daño.

Casi por casualidad me he acordado de un proyecto que hubo hace unos años y que consistía en escribir un libro sobre la Banda de Villanueva, a la hora de recabar datos sobre los primeros momentos de su refundación allá por 1981, me acordé de Rafael, a quien entonces hice una entrevista y que ahora quisiera reproducir, más o menos entre comillas, como testimonio de lo que ha sido y se le recordará siempre y es que se nos va una generación que comenzó muy joven a ser referente en Villanueva para muchas cosas y por desgracia se nos está marchando demasiado pronto.

Rafael nació en Villanueva de Gállego el 17 de mayo de 1959, era nieto de Narciso Irache Vicente, que tocaba el bombardino, aunque en su familia paterna también tenía antecedentes musicales. Rafa vivió siempre en casa ese ambiente de añoranza por la banda perdida. “Siendo un crío había un señor al que llamábamos José el Catalán (José Miravete) que nos daba clases de clarinete, pero murió y ya no seguimos”. Lo cierto es que no pasaron de aprender solfeo y poco más, así entre los siete y diez años, pero lo dejaron hasta que apareció Jesús Peralta Macaya.

“Estábamos en el Club Juvenil una noche, recién licenciado de la mili, era el mes de septiembre después de acabar las Fiestas” (entonces eran la primera semana de ese mes). No recuerda muy bien si fue porque Rafael y su peña ese año habían participado en las carrozas disfrazados de músicos, si Jesús los vio y se interesó, si se lo habían comentado, lo cierto es que; “Quedamos un día en el Club con Javier Urzainqui y quedamos en reunirnos un día en las Escuelas para concretar un poco más y ahí vino más gente: Rafael Cativiela, Luis Porta, José Martínez, Ricardo Morer, Luis Monzón, "los Plantés" (éstos creo que ya había hablado Jesús con ellos) y alguno de los mayores que se apuntaron para que esto comenzara a funcionar. José Antonio Barceló, mi primo Joaquín, Mariano Sacacia, etc. La cosa salió un poco del club juvenil porque entonces era el centro de reunión”. En resumen el grupo inicial estaba compuesto por entre 18 y 20 personas.

Tocando el saxofón, el instrumento que ejecutó toda su vida

“Empezamos a solfear y estuvimos dos o tres meses así, pero la idea de Peralta era salir cuanto antes para que no se enfriara la cosa, creo que fue acertada la idea de darnos en seguida instrumento para que no nos cansáramos. Para Navidades echamos a comprar instrumentos y cada día que venía con uno nuevo aquello era una fiesta, yo sigo tocando el saxofón desde el primer día. Si comenzamos a solfear en octubre, a mediados de mayo ya hicimos la primera salida”. Me contó que solicitaron al Ayuntamiento la correspondiente subvención y que este les concedió “ochocientas mil pesetas (unos 5.000 € actuales) a cuenta de los trajes con que tocamos nosotros las Fiestas”. La primera salida fue el día de San Isidro de 1982 y en ese día lo pasó “Con muchos nervios, la diana fue más informal, pero la procesión fue con más tensión debido a la expectación que tenía la gente con nosotros, había más que otros años, pero para ser el primer día creo que salió bastante bien. Luego cuando acabó todo nos invitaron a tomar el vermut en la Hermandad (actual Unión Villanovense) a todos de la banda, luego bajamos aquí a las escuelas a dejar los instrumentos y nos hicimos la primera foto de la banda todos juntos. La verdad es que fueron todo felicitaciones y se veía que la gente estaba muy contenta. Los músicos mayores nos apoyaron y nos animaron y poco a poco ha ido saliendo adelante a ahí está”.

Me recordaba el fin con que se fundó esta nueva agrupación, “una banda formal y sin afán de lucro y también que fuéramos una sociedad independiente de cualquier organismo político o institucional”. Estos primeros años recuerda que fueron muy felices y que hubo momentos emocionantes como el certamen de bandas de 1985. Poco después comenzaron los momentos duros, pero Rafael resistió y siguió en la banda mientras otros nos íbamos por muy diversos motivos. Fue entonces cuando se inició una renovación de la agrupación y entraron en la banda toda su familia, Mari Carmen su mujer y sus hijos; Ricardo, Pilar y Nacho que han seguido sus pasos musicales.

Estuvimos mucho rato hablando de sus planes, de sus proyectos y de su vida, todavía lo recuerdo llevando caterings al Campus, pero sobre todo que Rafael ha sido el músico fundador, más veterano y que más tiempo ha permanecido en la Banda, ha sido su alma y su vida hasta que sus fuerzas se lo permitieron. Es curioso pero nos ha dejado el día siguiente en que han acabado las Fiestas, como si él hubiese pensado que si nos dejaba estos días atrás nos iba a dejar más tristes y que de esta manera, al menos lo hemos pasado más o menos bien, pero eso no es así porque en todas las conversaciones estaba su estado de salud presente.



Descansa en paz Rafael Guillén Irache.

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